Primera visión u opinión sobre «Senjutsu» después de varias escuchas completas del disco. La valoración, eso sí, es subjetiva.
Lo mío es la pluma, y escuchar rock y heavy metal para después escribir de ello como una seguidora que junta letras de manera más o menos coherente y ordenada.

El sexteto británico regresa con un nuevo trabajo –el decimoséptimo de su carrera– y en el que se puede percibir que han trabajado para crear el disco que ellos querían y no el que sus seguidores estaban pidiendo. No deja ser una tremenda falta de realismo reclamar a los Iron Maiden del siglo XXI un disco de cuarenta minutos compuesto y ejecutado con el mismo nervio de un joven de veintitantos años.

El vocalista de Iron Maiden, Bruce Dickinson, explicó en una entrevista con la revista Kerrang cómo el nuevo álbum de la banda se llamaba “Senjutsu”, que es una palabra japonesa que significa más o menos “estrategia y táctica” o “el arte de la guerra”. -“A Steve se le ocurrió la primera pista y dijo que se llamaba Senjutsu. Entonces dijo que era japonés para “el arte de la guerra”. Y dije, ‘¿Estás seguro?’ Así que lo busqué en la Biblia de Google, y parece que tiene algunos significados diferentes, pero iremos con ‘el arte de la guerra’
“Senjutsu” trata de no desviarse demasiado de las coordenadas que han trazado desde el retorno de Dickinson y Adrian Smith. Eso no implica que no sea un disco exento de ciertos riesgos, porque los hay: la misma obertura del álbum (“Sensutju”) saca de su zona de confort a Nicko McBrain abre su decimoséptimo álbum y qué épica, señores y señoras, qué épica. La dupla compositiva Smith/Harris trabajando a pleno rendimiento, y cuando sueltan esos estribillos, alucinas. y da como resultado uno de los arranques más contundentes. Writing On The Wall”, es hard rockera, sí, pero sobre todo me quedo con los solos y las cuerdas vocales de Dickinson. Si alguien albergaba alguna duda sobre su posible rendimiento en este disco, sobre todo tras escuchar algunas canciones del directo en México editado el pasado año, en Senjutsu desde luego nadie diría que éste haya pasado por un cáncer de lengua. Con sus dejes acústicos y ese ritmo medio arrastrado, el que parecen estar de vuelta de todo.
También se podría considerar una decisión arriesgada haber cedido el tramo final del álbum a Steve Harris mediante tres canciones (“Death Of The Celts”, “The Parchment” y “Hell On Earth”) cuya duración total supera los treinta y cinco minutos, una idea que podría haber derivado en una obra descompensada y que, a la vista de los resultados, ha terminado por ser un gran acierto..
“Senjutsu” adolece de la inmediatez que tenía “The Book Of Souls” (15), álbum en el que había unas cuantas canciones comparativamente más cortas: en este sentido, su nuevo disco se muestra mucho más exigente al contener siete canciones (de un total de diez) que superan la barrera de los siete minutos.
A pesar de todo, “Senjutsu” se sostiene por sí solo: demuestra mucha más variedad –y ambición– que “The Book Of Souls”, basculando perfectamente entre la pulsión oscura de “The X Factor”, la épica de “Powerslave” (84) y la frescura de “Brave New World” (00) gracias a varios temas que no hacen más que crecer con las escuchas. El cierre, melódico, galopante y extremadamente pegadizo de “Hell On Earth” se antoja como una de las mejores piezas probablemente que Harris haya escrito en décadas: un cierre delicioso que, junto a un impulso oriental de “The Parchment”, certifica que el esfuerzo del bajista por concentrar su material en solitario en el tramo final del disco ha funcionado. De la misma forma, el tándem compositivo Smith/Dickinson se muestra tan solvente como siempre gracias a la concisa “Days Of Future Past” y, sobre todo, “Darkest Hour”, emocionante medio tiempo cargado de sobriedad que puede recordar en algún tramo a “Wasting Love” de “Fear Of The Dark” (92). No olvidemos tampoco el tremendo gancho melódico de “Stratego” –imposible quitarse ese estribillo de la cabeza–, un single que, reforzando la consistencia de la primera mitad del álbum, consigue redimirse de sus pecados.

Si un día escuchando The Number Of The Beast se me aparece el Diablo y me ofreciera vender el alma a cambio de afrontar la senilidad con la mitad de buena forma y claridad de ideas que presentan Iron Maiden en 2021, firmaría sin pestañear. QUE TODO FLUYA Y NADA INFLUYA EXCEPTO EL BUEN ROCK!

